Lara Ordóñez
30 enero - 14 marzo 2026
MADRID
Zurcir el tiempo
Hacer un tapiz es contar una historia. Lara Ordóñez (Castellón, 1995) escribe la trama con los dedos, utilizando fibras, y los personajes aparecen y cuentan una historia que tiene parte de ella y también parte de quienes ya no están para contarla. Los materiales textiles que utiliza narran a su vez su propio cuento. Son retales de colores y texturas que hablan de la genealogía de la autora pero también todo aquel que es capaz de leer e interpretar los códigos.
Para esta exposición, la artista se ha centrado en el remiendo y en el zurcido, técnicas tradicionales de reparación de tejidos casi perdidas u obsoletas debido al ritmo de consumo actual. Lara Ordóñez propone así detener el tiempo y prestar atención a las puntadas manuales, aquellas que aprietan y mantienen unida una tela de mayor tamaño. Puntos estratégicos de soporte, al igual que ocurre con la herramienta, donde pequeñas piezas sostienen esa acción mayor de remendar y de zurcir. El olivo, el algarrobo o el enebro son maderas de los árboles que rodean el estudio de la artista y que le ayudan a re-escribir con hilos sobre telas que tejieron tiempo atrás otras mujeres también con sus manos. Zurcir y remendar implica recuperar y releer textos de hilo como si se tratara de un libro, de un manuscrito o de un pergamino. La aguja ayuda a escribir sobre las palabras tejidas, tal y como un lápiz lo haría sobre una hoja de papel.
La superposición de capas da fuerza al discurso. Zurcir y remendar son acciones de resistencia, de memoria y de reivindicación de los conocimientos heredados. Hacer uso de aquello que ya existe para crear algo nuevo. Durante este proyecto ha primado la experimentación plástica y no solo en el propio telar. Desde la recuperación de las telas que utiliza como fibra, como materia prima, en lugar de usar hilos, hasta la reutilización de telas ya existentes, con su propia historia detrás, de las cuales la autora ha reelaborado el hilo con el que ha tejido las obras expuestas. O el propio teñido manual en este caso recuperando técnicas tradicionales para tintar, elaborar el color y preparar ese baño de tinte. Una gran olla con agua, sulfato de hierro y alumbre como mordientes. Después viene el teñido manual con piel de granada y piel de cebolla. El uso de elementos cotidianos, del entorno de su estudio y, además, de carácter estacional, dependiendo de la época del año en la que trabaja cada proyecto, es una constante en su trayectoria. La artista ha guardado estas pieles, las ha secado y directamente han pasado del consumo doméstico de la fruta o de la verdura a ese teñido directo de la tela. Ha trabajado desde ese proceso previo a toda experimentación, previo al trabajo en el taller. Pero también ha ejercido el oficio del telar, de bajo lizo y alto lizo, de forma paralela, donde al colocar esas telas que sirven de base, de línea y de escritura de texto con el que contar esas historias. Del mismo modo también ha seleccionado las maderas, que se han dejado secar para posteriormente trabajarlas a mano en el torno y después introducirlas en el discurso textil. La herramienta en este caso no es algo aislado, sino que forma parte de ese proceso de experimentación en el que tiene lugar un intercambio entre lo textil, lo dúctil y también lo duro. La madera, esas capas, ese paso del tiempo que se acumula en una pieza que sigue viva, del mismo modo que ocurre en el textil.
La propuesta de este proyecto es desde el detenimiento, la pausa y la observación. Un detenimiento necesario para ser capaz de leer los tejidos y su lenguaje desde esa reivindicación de los conocimientos heredados y de la memoria que contiene el propio tejido. Una experimentación plástica que parte desde la acción de búsqueda de materiales ya existentes sobre los que zurcir o remendar. Es la forma que tiene Lara Ordóñez de entender el tejido y, por tanto, su propio trabajo.









