Federico González Sosa

1 jul - 1 ago, 2026
MADRID

Por simpatía III

TEXTO: CLEMENT CABALLERO

Arquitectura y psicología 

Habitamos espacios atravesados por fuerzas que rara vez percibimos directamente. Vibraciones, resonancias, recuerdos, relatos o presencias continúan actuando mucho después de que su fuente se haya disipado. Algunas permanecen inscritas en los muros, otras en los objetos, y otras más en los cuerpos que los atraviesan, como residuos de una experiencia pasada. Estos campos de fuerza invisibles emanan de entidades autónomas y singulares que entran en relación sin contacto directo, sino por vibración. En acústica, este fenómeno recibe el nombre de simpatía vibratoria. Más que un principio físico, traza una manera de pensar las relaciones que unen a los seres, los objetos y los lugares. 

Par Sympathie (III) se inscribe en esta lógica de transmisión. La instalación adopta la forma de una operación a corazón abierto. Los pianos son desmontados, deshuesados, despojados de su mecánica hasta revelar su estructura más íntima. Del instrumento subsiste su órgano esencial: la tabla armónica. Esta puesta al desnudo hace aparecer lo que podríamos llamar la anarquitectura del piano. Liberada de la estructura que la constreñía, la tabla armónica se

convierte en un cuerpo autónomo, capaz de recibir, transmitir y transformar las vibraciones que la atraviesan. Su esqueleto acústico aparece entonces como el fantasma de una función desaparecida; una presencia persistente que continúa actuando a pesar de la ausencia del instrumento. 

Dispuestas en el espacio, las tablas armónicas entran por contagio en diálogo unas con otras. Producen un campo vibratorio móvil que desborda sus propios límites para afectar la arquitectura del lugar y los cuerpos que lo habitan. El sonido deja entonces de ser un simple fenómeno audible para convertirse en una fuerza de propagación, una tensión que circula entre las materias, las superficies y las presencias. 

Memoria 

El piano es un objeto simbólicamente cargado. Transmitidos de generación en generación, los pianos reciclados de Par Sympathie (III) acumulan relatos tanto como usos. Han atravesado historias familiares, recuerdos, a veces traumas, conservando al mismo tiempo el silencio y los secretos de aquello que han visto. Cada piano lleva las marcas de esta existencia prolongada. El tiempo se inscribe en la madera, en las deformaciones de la materia, en las fisuras y las tensiones; estos estigmas modifican poco a poco su resonancia. 

Las arquitecturas de los pianos cuentan también su propia historia. Cada tabla armónica conserva las huellas de las fuerzas que la han atravesado: la tensión constante de las cuerdas, los desplazamientos, las reparaciones y las transformaciones sucesivas. A la manera de una arquitectura cuidada, las inclusiones metálicas vienen a sostener o compensar las tensiones acumuladas a lo largo de las décadas. 

Esta memoria material entra en diálogo con otra forma de memoria: la de los sonidos. Activadas por transductores, las tablas armónicas son atravesadas por composiciones construidas a partir de grabaciones de campo, archivos sonoros, conversaciones y recolecciones personales. A estos fragmentos se añaden las últimas notas tocadas en cada uno de los pianos antes de su desmantelamiento. Captadas en su lecho de muerte, resuenan como una despedida, un último aliento dirigido al instrumento antes de que su cuerpo sea abierto. Cortados, ensamblados y luego recompuestos, estos materiales forman paisajes acústicos en los que se superponen diferentes estratos memoriales, mezclando recuerdos íntimos, huellas documentales y vestigios sonoros de una presencia a punto de extinguirse. 

La memoria ya no aparece como un contenido fijo ni como un simple acto de conservación. Se convierte en un proceso de reactivación. Los archivos vuelven a habitar la materia. Los recuerdos se propagan en la madera. Las vibraciones transportan consigo fragmentos de relatos, hasta hacer de cada tabla armónica el punto de encuentro entre una memoria heredada y una memoria recompuesta. 

Sin embargo, esta memoria no actúa como una imagen. Nunca se ofrece por completo a la vista. Se manifiesta a través de vibraciones, resonancias y efectos que atraviesan tanto el

espacio como los cuerpos. Aquello que fue grabado, olvidado o desaparecido reaparece bajo una forma sensible, como una presencia difusa que vuelve a entrar en contacto con el presente. A la manera de un fantasma, la memoria no regresa para ser observada, sino para ser sentida. Atraviesa las materias, afecta las percepciones y reactiva formas de presencia cuyo origen permanece a veces inasible. 

Presencia espectral y percepción 

Los esqueletos acústicos de Par Sympathie (III) ya no son del todo instrumentos. Se convierten en cuerpos intermedios, suspendidos entre arquitectura y memoria, entre presencia y desaparición. Atravesados por vibraciones invisibles, producen un espacio donde los fenómenos se manifiestan menos por lo que muestran que por los efectos que producen. 

En Ghost and Spirit, Mike Kelley se interesa por las figuras del fantasma y del poltergeist como formas de presencia que continúan actuando sin aparecer jamás plenamente. Más que una aparición, la presencia espectral designa aquí la persistencia de una fuerza de la que solo percibimos sus manifestaciones y sentimos sus vibraciones. Par Sympathie (III) atraviesa igualmente esta lógica. Los sonidos parecen emerger de la propia materia. Las vibraciones rebotan sobre las superficies, atraviesan los cuerpos y modifican silenciosamente la percepción del espacio. Como el fantasma, permanecen invisibles; solo sus efectos se revelan. 

Esta asociación entre el piano y la presencia espectral no es ajena a nuestro imaginario colectivo. El piano es a menudo el objeto a través del cual una presencia se manifiesta: una nota resuena en una habitación vacía, una melodía surge sin intérprete. Lo que perturba no es el sonido en sí mismo, sino la ausencia de una fuente identificable. Par Sympathie (III) reactiva este desplazamiento. El visitante busca un altavoz, un origen, una causa. Sin embargo, el sonido parece provenir directamente de la materia, como si el espacio mismo se hubiera vuelto resonante.

Por simpatía III
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